LA GOBERNABILIDAD DEMOCRÁTICA Y EL PROBLEMA DEL EMPLEO EN LA
SUBREGIÓN ANDINA
Con el propósito de encontrar vías de solución compartidas a los problemas de gobernabilidad democrática y del empleo, se realizó en Lima un seminario internacional de dos días organizado conjuntamente por la Secretaría General de la Comunidad Andina, la Secretaría de Cumbres de las Américas de la OEA, la Organización Internacional del Trabajo y Ágora Democrática. Este seminario contó con la asistencia de representantes de las diferentes instituciones de la Comunidad Andina, tal como del presidente del Consejo Consultivo Laboral Andino - CCLA, Juan José Gorriti.
La preocupación de los gobiernos de los Estados Americanos por tomar soluciones conjuntas a las crisis políticas y sociales se ha visto reflejada en la voluntad por parte de ellos de abordar la problemática de la gobernabilidad democrática y el empleo como tema central de la IV Cumbre de las Américas, a celebrarse en Noviembre en Mar de Plata, Argentina.
La mayoría de los países andinos han conseguido por estos últimos años notables recuperaciones en sus principales indicadores macroeconómicos, pero ello no se constata en la realidad diaria de sus ciudadanos. Por decir, los indicadores sociales evidencian un estancamiento, cuando no retrocesos, en los procesos de desarrollo, si consideramos que más de la mitad de los habitantes de la subregión se encuentran en situación de pobreza, que la desigualdad social se ha incrementado, y que el empleo informal y el desempleo afectan a cerca del 80% de la población económicamente activa.
Según estimaciones realizadas por el Latinobarómetro y el PNUD, el escenario político de los países andinos presenta preocupantes síntomas de una cada vez mayor deslegitimación de la democracia, con sus consecuencias en la frágil gobernabilidad, polarización social e incertidumbre política que conducen, en muchos casos a soluciones políticas que tensionan severamente la institucionalidad democrática. En el contexto internacional, la globalización presiona para que los países se inserten a un mundo sumamente veloz, con mercados volátiles donde la única libertad la tienen los capitales, incidiendo en los Estados al restarles autonomía para formular y ejecutar políticas propias. Paralelamente, la autoridad de los Estados están siendo cuestionados desde muchos ángulos de la sociedad. Es decir, el Estado se encuentra bajo presión desde dos direcciones: como resultado de las tendencias de la economía global, de una parte; y, como resultado de las presiones políticas, de la otra.
Es así que es posible afirmar que las legítimas demandas de nuestras sociedades buscan esencialmente que el Estado cumpla con sus responsabilidades fundamentales, entre ellas, las de administrar justicia, brindar seguridad, proteger el medio ambiente, garantizar niveles básicos de seguridad social y promover el empleo.
Resulta innegable, en este marco, que una de las exigencias más urgentes de los habitantes andinos sea un mayor acceso a mayores oportunidades de empleo, que sea productivo, de mejor calidad y provea acceso a la seguridad social. Además, el empleo en las sociedades modernas articula la realización personal, de inclusión social y requisito de ciudadanía. En tal condición, es un elemento crucial para la gobernabilidad democrática de nuestros países.
De cara a este reto, el sentido de integración, plasmado en las agrupaciones regionales y subregionales, surge como una opción destinada a proporcionar condiciones indispensables para consolidar la gobernabilidad en los Estados, para seguidamente asegurar su viabilidad en el mundo globalizado. Es así que la integración debe ser entendida como un proceso esencialmente político, que busca fortalecer los marcos jurídicos, económicos, sociales y de seguridad dirigidos a brindar mejores posibilidades de desarrollo, afianzar la democracia y facilitar los términos de inserción de nuestros países en el dinámico escenario internacional.
En este escenario dinámico, tenemos que las prioridades de la integración se han ido cambiando y ampliando progresivamente. Hoy comprende aspectos de mayor alcance y profundidad, como la consolidación y profundización de un mercado ampliado con libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas, o la implementación de una agenda de cooperación política y social a través de programas de desarrollo social, de competitividad, de participación ciudadana; iniciativas para el fomento de la confianza mutua, la convivencia pacífica, la lucha contra las drogas y la corrupción; y, como corresponde a un esquema de regionalismo abierto, una proyección externa conjunta en sus relaciones con terceros.
Por ello es necesario la construcción de una visión andina, la cual será reafirmada de una identidad común en el proceso de Cumbres de las Américas. Para ello, el debate, el intercambio de ideas, la reflexión entre los diferentes actores de la sociedad civil organizada, a la academia, a los movimientos sociales y a los partidos políticos, que sean reflejo de las demandas sociales y poder contribuir a despejar el camino de la gobernabilidad democrática.
*Tomado de Web Comunidad Andina de Naciones - CAN
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