LA DEMOCRACIA
EN AMÉRICA LATINA
Carlos Rodrigo Zapata *
La democracia es un tema vital para un proceso de integración, puesto que a través de ella se legitimiza la voluntad del pueblo en referencia a los intereses nacionales. En esa medida, el autor nos hace una breve crítica del informe “La Democracia en América Latina”, específicamente cuando al tema boliviano, exponiendo que no hay coherencia entre la manera cómo valúa la democracia el PNUD con la realidad existente.
En su informe “La Democracia en América Latina”, el PNUD ha realizado un esfuerzo muy apreciable para proponerle a la región un debate impostergable sobre la democracia que tenemos y la que requerimos, a fin de pasar de la actual democracia electoral a la democracia en la que los derechos ciudadanos (políticos, civiles y sociales) sean plenamente respetados.
En base a un Índice de Democracia Electoral (IDE) que incluye información sobre cuatro componentes (derecho al voto y elecciones limpias, libres y como medio de acceso a cargos públicos), el PNUD concluye que "nunca antes América Latina contó con regímenes electorales tan democráticos". No obstante, observa que la existencia de diversos fenómenos adversos tales como pobreza, desigual distribución del ingreso, corrupción y otros, muestran que dicha democracia mínima no está contribuyendo a resolver los problemas económicos y sociales en la región, razón por la que debe ampliarse su horizonte mediante la expansión efectiva de la ciudadanía social.
Respecto a Bolivia, el informe del PNUD no consigue mostrar las graves falencias de la democracia electoral realmente existente en el país. Por ejemplo, en el componente del IDE llamado "elecciones limpias" se le asigna a Bolivia el mayor valor posible, que significa que "las elecciones pueden incluir irregularidades técnicas pero que carecen de un sesgo sistemático". Lo mismo sucede en los otros componentes, por lo que se presenta a Bolivia como una democracia electoral ejemplar.
No obstante, puede advertirse que el informe descuida aspectos esenciales de una democracia electoral. En particular, no realiza un análisis cuidadoso de la llamada "fórmula electoral", es decir, de los procesos que establece el régimen electoral para convertir votos en escaños, situación que lleva a ignorar diversas temáticas tales como el principio del voto igual, el tamaño de las circunscripciones electorales, la proporción de votos necesarios para lograr mayoría parlamentaria y otros, así como los efectos resultantes de todos estos aspectos sobre la crisis de los partidos, el sistema político, la eclosión de movimientos sociales, etc.
El informe presenta un índice de desproporcionalidad electoral cuyos resultados muestran "un grado considerable de correspondencia… entre la cantidad de votos y escaños recibidos por cada partido". No obstante, este índice no permite identificar múltiples sesgos que contiene el régimen electoral, sesgos que cuestionan severamente las conclusiones del PNUD respecto a Bolivia. Por ejemplo, un régimen electoral que admite circunscripciones uninominales (CU) de todo tamaño (hasta con 23 veces más electores que en otras), acepta que una región tenga menos de la mitad de representantes que otra con población semejante y permite que el voto de unos electores pueda valer 20 ó hasta 30 veces más que el voto de otros electores, tal como pudo observarse en las elecciones de 1997 y 2002, ignora el principio del voto igual y degrada la democracia a una burla de la voluntad popular.
El hecho de no prestar atención a estos aspectos ha llevado adicionalmente a no tomar en cuenta sus efectos y consecuencias. Si, por ejemplo, se hubiera apreciado que se puede ganar escaños incluso con menos de 1.500 votos y que debido a los sesgos existentes en el régimen electoral es posible ganar la mayoría absoluta en el Parlamento con menos del 30 por ciento de los votos, se habría podido comprender que en el caso de Bolivia el régimen electoral alienta la cooptación y el fraude, permite el control del electorado y hace innecesario que los partidos políticos propongan nuevos proyectos de sociedad. Aquí el problema de fondo no es la extrema desigualdad electoral, sino los nefastos efectos que ocasionan estos sesgos sobre los partidos, la democracia, la cohesión social, etc.
Más allá de estas observaciones, considero que la propuesta del PNUD es vital para el desarrollo de la democracia en América Latina y que su enfoque puede contribuir decisivamente a superar las falencias económicas y sociales de la región. Sin embargo, por lo señalado para el caso de Bolivia, tan importante como abocarnos a construir una democracia centrada en los derechos ciudadanos, es reformar sustancialmente el régimen electoral, ya que ello permitirá modificar el sistema de incentivos actualmente vigente, lo cual facilitará que los pobres también accedan al poder y exigirá que los partidos se aboquen a formular soluciones para el país. Diario La Razón - Bolivia
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