TLCs BILATERALES O BLOQUES REGIONALES
Mijail Alva*
Cada país tiene el derecho de sopesar cuál será su manera de insertarse y ganar un espacio en el contexto internacional. Definitivamente la decisión pasará siempre primero por las prioridades económicas del país con respecto a sus obligaciones externas, pero ello no debe ir en desmedro de la sociedad y ser pretexto para excluir la elección de apoyarse en un bloque regional. La presente opinión da cuenta de ello.
Desde la perspectiva de los procesos de integración, se está evidenciando un cambio en la forma de establecer relaciones entre los países que pretenden suscribirlos. EEUU, con todo el poder financiero y militar que ostenta, se encuentra a la vanguardia en lo que a Tratados de Libre Comercio bilaterales se refiere. La Comunidad Andina, el Mercosur y la Unión Europea, en contraposición, apuestan por TLCs en bloque regionales y por la integración de las naciones.
Ello lleva implícito la diferencia, y tal vez oposición, en el enfoque y en lo que se entiende por integración por parte de quienes impulsan una u otra forma de negociación. Es decir, las negociaciones bilaterales dan resultados positivos para ambas partes cuando los que la integran son países con similar peso económico, financiero político, social, etc. En otras palabras, cuando existe cierta similitud pero fundamentalmente complementariedad para realizar intercambios y de esa manera ampliar mercados.
La distinta posición geopolítica o asimetría entre los países que entran a esta clase de tratados lleva de por sí el obviar u omitir ciertos aspectos que son cruciales: como son los temas de carácter social a subordinación del comercio, puesto que no existe un equilibrio en el poder de negociación de las partes. Es redundante mencionar que lo contrario, en la negociación por bloque regional, puede proporcionar mayores posibilidades de una relación mucho más equilibrada.
Ahora, centrando la atención en lo que puede suceder a nivel interno en nuestros países andinos, se observa que no hay una estrecha relación entre quienes impulsan las grandes ideas de integración y quienes deciden y definen en el día a día las grandes tendencias de las sociedades por estos lares del globo, lo que finalmente termina en que éstas ideas no logren convertirse en instrumentos de política real, como para establecer lineamientos para los ministerios de Finanzas, que hoy por hoy priorizan compromisos tales como la Carta de Intención con el FMI o maniobrar políticas sociales con los escasos límites que le da la globalización, con una perspectiva cortoplacista.
Por ello, el interés por parte de la Comunidad Andina y de la Unión Europea en establecer relaciones tanto económicas como sociales, así como el nacimiento de la Comunidad Sudamericana de Naciones (en conjunción con el MERCOSUR) nos debe llevar al compromiso real y explícito, con agenda en mano y monitoreo constante en la medida de lo posible, de materializar éstos grandes objetivos regionales.
*Economista
Instituto Laboral Andino – ILA
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