¿CÓMO INCORPORAR LA INTEGRACIÓN ANDINA A LA AGENDA PÚBLICA?
Ernesto Salazar*
La integración debe ser vista desde muchos frentes diferentes. No es tan sólo la aproximación del comercio entre los países, sino también entre sus ciudadanos. Por lo tanto, la integración también es sinónimo de democracia, donde prime la libertad, la apertura y la cooperación solidaria. En la presenta nota, el autor nos da sus puntos de vista sobre cómo aproximar la Comunidad Andina a sus ciudadanos.
Hace muchos años, en la puerta principal de este mismo edificio de la Comunidad Anida hice una encuesta preguntando a los que pasaban si lo conocían. Encontré las respuestas más insólitas. Para algunos era un hospital, otros decían un cuartel y la mayoría creían que se trataba de un ministerio. Pude comprobar que de cada diez transeúntes solo tenía una remota idea de que en realidad era la sede del entonces Pacto Andino.
Entonces, yo mismo termine haciéndome esta pregunta. Y hoy después de más de treinta años, creo que de algún modo me la sigo haciendo.
Hace unos años cuando se aprobó el nuevo Tratado de Maastricht, su ratificación en un Referéndum por parte de Dinamarca sufrió un duro e inesperado revés. No fue aprobado.
Cuando se indagó por el motivo – mediante una medición de la opinión pública a través del Eurobarómetro - se supo que principalmente se debía a la falta de información. Entonces se realizó una campaña de divulgación del Tratado y a los pocos meses se convocó a otro Referéndum donde se logró la ansiada aprobación.
Este hecho que he relatado nos deja una primera lección: hay que dar a conocer lo que se quiere vender, dicen los publicistas.
La integración como instrumento de desarrollo
Permítanme hacer algunas reflexiones sobre el concepto mismo de integración, que seguramente son harto conocidas por ustedes y que se habrán repetido hasta la saciedad en esta sede integracionista. Pero quiero decirlas una vez más hoy, porque el tema que nos convoca es particularmente evocador.
En el caso particular de Europa, tenemos que recordar que la integración se ubicó en el otro platillo de la balanza para hacer el contrapeso a la guerra, la violencia, y la injusticia. Porque la integración es también sinónimo de democracia, justicia social internacional y defensa de los derechos humanos.
La integración es un acto cotidiano. Recientemente, un profesor alemán decía que la integración en Europa es como el pan de todos los días, algo a lo que ellos están acostumbrados y que ha pasado a ser un asunto cotidiano, que no tienen porque clasificarlo o cuestionarlo permanente. Decía: “En Europa no nos preguntamos cómo va el proceso, porque hemos llegado a la convicción de que tiene que funcionar – yo diría casi automáticamente”.
La Integración no es solo una adición de partes, sino la potenciación de las mismas. Y esto es valido en todas órdenes y disciplinas: en los mercados (las economías de escala), en las negociaciones y especialmente en todas las acciones de concertación hacia el exterior.
En un proceso de integración no podemos únicamente esperar el simple beneficio. El tradicional cuestionamiento ¿cuánto gana o pierde mi país con la integración? No. En la integración el beneficio de cada uno es el beneficio del conjunto, de todos. No debe esperarse alcanzar beneficios particulares y mucho menos medir con ello la bondad de un proceso.
Lo anterior me lleva a recordarles que la integración está más allá de los nacionalismos. Este es un tema sensible y yo quisiera ponerlo de lado, recordando solo a uno de los Padres Fundadores de la Integración Andina, Don Felipe Salazar Santos, que en este misma sala una noche de 1972 defendía la famosa Decisión 24 sobre el Tratamiento al Capital extranjero, contra los “intereses” colombianos, de un empresario compatriota suyo. O como decía otro Padre Fundador, Don Salvador Lluch Soler, cuando también aquí mismo nos recordaba que nuestras fronteras son las cicatrices de América.
Pero también tenemos que estar convencidos que la integración es el rasero de la igualdad. Creo sinceramente que el día que nació Europa no fue exactamente cuando fue creada la Comunidad del Carbón y del Acero, fue cuando países como Alemania y Francia tomaron conciencia que tenían que asumir responsabilidades y beneficios en igualdad de condiciones con Luxemburgo o Bélgica.
No podría existir la integración sin la libertad, sin la apertura, sin la cooperación solidaria. Quien se encierra apartándose del mundo, siempre será prisionero de sus propias fronteras.
Podríamos hacer muchas otras reflexiones sobre la integración, pero finalmente quisiera subrayar que para los amigos europeos, como para ustedes los andinos o los centroamericanos, se traduce en un instrumento de desarrollo que debe llevarnos a lograr “el mejoramiento persistente del nivel de vida de nuestros habitantes”. Es decir, tal vez su acepción más importante sea que integración significa también progreso.
Desde el punto de vista geográfico, la integración también tiene un gen evolutivo hacia compromisos cada vez más profundos y extensos. Los procesos subregionales tienen siempre vocaciones regionales. Las acciones bilaterales se realizan plenamente cuando se hacen multilaterales. Por eso la Unión Europea siempre apostó por el multilateralismo y así quedó ratificado en la última Cumbre de Guadalajara.
Desde esta perspectiva es absolutamente comprensible que el proceso andino – que desde que nació tuvo como vocación y objetivo a América Latina – tenga una proyección sudamericana y latinoamericana. No es más que la natural ampliación hacia fines y objetivos comunes.
El entendimiento de la Comunidad Andina con el MERCOSUR es un primer paso concreto en el camino de la Comunidad Latinoamericana.
El proceso hacia una Comunidad Latinoamericana se facilita enormemente por su escenario geográfico propicio para desarrollar grandes proyectos de infraestructura física. Si bien éstos pueden demandar ingentes recursos, también llevan al establecimiento de fondos estructurales que ofrecerán oportunidades de inversión y la generación de millones de puestos de trabajo.
Pero seguramente hoy a la luz de la coyuntura política, económica y social el reto más importante de la integración latinoamericana sea la cohesión social que nos permita terminar con la exclusión.
Esto es a grandes rasgos mi visión de un proceso de integración que sustenta la necesidad que tenemos que darlo a conocer amplia y profundamente en las costas, en las sierras y en las selvas de nuestra América Andina.
Ahora bien ¿Qué tenemos que hacer para que un proceso de integración sea de todos?
- La formula es informar para conocer; persuadir para convencer y comprometerse profundamente.
CONCLUSIÓN
Entonces, quizás la palabra clave para reflexionar sobre la integración sea convicción. Es decir tenemos que estar convencidos que la integración es el instrumento idóneo para nuestro desarrollo y ya dijimos que para ello debemos conocerla mejor.
Pero eso no basta. Es necesario sustentar el conocimiento de las bondades y beneficios de un proceso de integración. Es decir, dar los argumentos necesarios para persuadir a la población de sus estratos y estamentos a favor de la integración.
Entonces la otra palabra clave es persuadir. O como yo llamo hacer proselitismo comunitario.
Siempre se dice criticando que la integración pertenece a las elites ya sean éstas sociales, intelectuales o económicas. Sí, es verdad, las elites son parte de la integración. Pero no es suficiente informar para las elites, necesitamos también motivar la participación de los jóvenes de las escuelas, los colegios, los institutos, las universidades, donde deberían existir cursos regulares porque ahora este tema es como la educación ciudadana, la geografía o la propia historia de nuestros países.
No podría existir la integración sin la libertad, sin la apertura, sin la cooperación solidaria. Quien se encierra apartándose del mundo, siempre será prisionero de sus propias fronteras.
Tenemos que crear la Ciudadanía Andina, los centroamericanos la tienen mejor configurada que nosotros. Por eso es importante llegar a todos los rincones de la Subregión, no basta estar en las capitales o en las ciudades más importantes, tenemos que integrar las zonas más recónditas. Y si de verdad queremos integrar tenemos que buscar la cohesión de la sociedad andina, ello va acompañado del desarrollo sostenido y de la justicia social.
Creo que todos compartimos esas premisas. Entonces, solo me resta recordarles que resulta imprescindible tener la voluntad política, la tercera palabra clave y seguramente la más difícil, para poder pasar de las palabras a los hechos.
Quiero finalizar recordando que aquel día que estuve en la puerta de este edificio, tuve la misma convicción de ahora: La integración solo será posible cuando la hayamos comprendido todos.
Ahora bien, como una acción concreta, quiero decirles que la Secretaría General de la Comunidad Andina y de la Unión Europea estamos en vías de iniciar un proyecto orientado a incorporar – o mas bien - movilizar a la Sociedad Civil a favor del proceso andino de integración. Creo que es lo que faltaba y este proyecto tiene la ambición no solo de trabajar con la Secretaría General, sino pretende hacerlo en todas las latitudes de la Subregión Andina.
*Extraída de su exposición del Seminario-Taller "Comunicación, Descentralización e Integración", realizado por la Comunidad Andina
Población y Analfabetismo en los Países Andinos

Fuente:
1 Estadísticas de la Comunidad Andina. Año 2003.
2 Informe 2005 “Educación para Todos – El Imperativo de la Calidad” UNESCO Informe de Seguimiento Global.
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