INTEGRACIÓN ENERGÉTICA
Definitivamente la Cumbre del MERCOSUR ha trascendido los espacios del cono sur americano para colarse en los temas del día a día en casi toda Latinoamérica. En algunos países ha creado entusiasmo, puesto que representa una nueva oportunidad para repensar en los procesos de integración que venimos desarrollando, y en otros ha causado bastante escepticismo.
A lo que nos referimos en este editorial es al proyecto energético denominado Gaseoductos del Sur, que busca crear una serie de interconexiones de gaseoductos para abastecer principalmente Chile, Argentina, Paraguay, Uruguay y Brasil con gas proveniente de Perú, y luego como un proyecto a toda sudamérica, de este insumo energético tan preciado en épocas de constante crecimiento del crudo internacional.
Teniendo en mano a la Unión Europea como único precedente similar en lo que se refiere a iniciar un proceso de integración sobre una base energética, vemos que allende el atlántico la integración europea arrancó con los Acuerdos del Carbón y del Acero (1951) el cual devino en su expresión máxima en el Tratado de Roma (1958), y que a la postre dio origen a la Comunidad Europea.
Ahora bien, el marco teórico sobre el cual se dio nacimiento a la Comunidad Andina es completamente distinto al que en la actualidad se desenvuelve. El Modelo de Sustitución de Importaciones incentivaba la creación de una industria nacional orientada a los mercados internos, dejando en segundo plano la integración económica. Contrariamente, con la llegada de tendencias que buscan la liberación del comercio (aunque no necesariamente integración) éstas dejan de lado la importancia de fortalecer los mercados internos a favor de la apertura comercial (específicamente para los países en vías de desarrollo).
En este escenario la Comunidad Andina asigna gran importancia al fortalecimiento regional en todos los ámbitos sociales y económicos, y dentro de este último aspecto al sector energético, puesto que considera que puede brindar a sus países miembros importantes beneficios económicos, garantizar su propia autosuficiencia y generar excedentes para su exportación fuera de la subregión.
Tomando un poco de números, en lo que se refiere a reservas probadas de gas natural éstas alcanzan más de 5 mil millones de metros cúbicos, de los cuales el 77% corresponden a Venezuela. Bolivia y Perú, con Camisea y en un futuro con Camisea II, son dos fuentes muy importantes de este valioso recurso. En petróleo también tenemos ingentes cantidades, siendo éstas reservas cuatro veces las de Estados Unidos y ocho veces las del Mercosur.
Es decir, se pueden ver muchos frentes de negociación con terceros para nuestros recursos energéticos, pero también se debe tener en cuenta que hay un proyecto comunitario propio que necesita de un mayor impulso para, como se dijo anteriormente, garantizar nuestra propia autosuficiencia en materia energética.
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