2/3 en la Cumbre Sudamericana
Manfredo Kempff Suárez (*)
La II Cumbre Sudamericana de Naciones que se llevó a cabo el fin de semana en Cochabamba, enfrentó su compromiso trastabillando, a resbalones en el barro, con goteras, y con desinteligencias entre los presidentes, pero hubo algo que la salvó: los dos tercios. Que ocho jefes de Estado hubieran firmado la Declaración de Cochabamba, no es lo mismo que la hubieran firmado seis o cuatro, que no hubieran servido para nada. Los dos tercios le han dado legitimidad al evento, aunque la unanimidad de los doce mandatarios hubiera sido lo mejor.
El presidente Morales anunció que en Bolivia arrancaría una nueva Sudamérica, grande y unida. Eso, como ideal y como discurso estaba bien. ¿De dónde podría surgir una Sudamérica sólida si el país sede de la reunión está a punto de estallar? Desde luego que los mandatarios asistentes han de haber esbozado una sonrisa irónica cuando les informaron que, nada menos que desde Bolivia, arrancaría la América del Sur a imagen del Libertador. “¿Y cómo andan por casa?”, ha debido preguntar alguno de los mandatarios.
Pero esto de la Cumbre ha sido saludable para los bolivianos si sabemos leer bien lo que aconteció. Puede ser una lección oír a Chávez decir que la globalización es un desastre, y a Michelle Bachelet afirmar que tiene efectos altamente beneficiosos; y ante la cerril oposición de Evo Morales al TLC con EEUU, escuchar a Alan García asegurar que el TLC no traiciona los principios de integración; y mientras Chávez y Tabaré afirmaban que “no hay proyecto” para pensar en integración, la voz autorizada de Lula replicaba que los sudamericanos no teníamos derecho a fallar en el proceso.
Es verdad que en Cochabamba hubo desinformación, retrasos en los actos, quejas en las delegaciones, pero, por lo menos dos tercios de los presidentes estamparon su firma, hablaron, e hicieron que la desorganización no llevara al fracaso a la Cumbre. Como ejemplo a seguir por nuestros díscolos políticos, hasta los presidentes Chávez y Alan García se reconciliaron con un abrazo, luego de que el primero había sido torpemente duro con el mandatario peruano.
En otro escenario popular, en la llamada “Cumbre Social”, 30 mil personas vociferaban contra la Cumbre, la globalización, el TLC, la exclusión, la pobreza, flameando whiphalas. Morales, Chávez, Ortega y Scioli, complacientes, comprensivos, se animaban y aplaudían.
Que Morales cumpla con los dos tercios en Bolivia y va a sentir gran alivio. Peleará y discutirá sobre las bondades (o maldades) del TLC, sobre la perfidia de la globalización, sobre las autonomías, sobre la Ley INRA y que deje de amenazar a los cruceños. Finalmente, puede que las huelgas se levanten, que el cabildo del viernes en el Cristo sea innecesario, y que retorne la concordia democrática. Lo aplaudirán sus colegas que estuvieron de visita. Y nosotros también.
(*) Escritor y diplomático
Tomado del diario la Razón, 12 de Diciembre del 2006. |