ANÁLISIS: RIESGO-PAÍS VERSUS RIESGO-SOCIEDAD
Es muy probable que a la gran mayoría de ciudadanos se le haya escapado uno de los principales objetivos, por no decir el primordial, del presente gobierno.
Por: Jurgen Schuldt (*)
Tal como fuera anunciado en el mensaje presidencial del 28 de julio, “nuestra meta es lograr que nuestro país tenga el nivel del grado de inversión, es decir el nivel financiero de un país sólido al que puede venir más capital barato para crear más empleo, pero con menor costo”. Este grado de inversión es un jeroglífico muy significativo para entender la trayectoria de políticas --que van más allá de las estrictamente económicas-- que adoptaría el Gobierno a lo largo del presente quinquenio.
Ese grado de inversión se deriva, con algunos ajustes que incluyen variables políticas, del denominado riesgo-país, que mide la diferencia existente entre el rendimiento de un título público emitido por el gobierno de un país emergente y uno de características similares del Tesoro de Estados Unidos, que –se supone-- no tiene riesgo alguno (ver gráfico I).
GRAFICO 1 :
Evolución del riesgo país. Diciembre 1998 - Septiembre 2006. Fuente: J.P. Morgan

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En última instancia, para decirlo en sencillo, esa ‘prima de riesgo’ o peligro-país representa un aproximado de la potencial tasa de ganancia que pueden obtener las empresas al invertir en un país o de las posibilidades de repago de la deuda externa por parte de una determinada economía. A menor riesgo país (hoy en día, en el Perú, está en apenas 140 puntos básicos o 1,4%) --así se piensa--, mayor confianza tendrán en él las corporaciones transnacionales; esto es, mejores serán las posibilidades para invertir con sobreganancias o recuperar las onerosas deudas que ha contraído el país. Como tales, estos índices --su configuración, su medición y su uso-- responden básicamente a los intereses y las inquietudes (es decir, las ganancias) de los inversionistas y acreedores.

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Ese índice de inseguridad relativa es estimado por distintas entidades, sean empresas calificadoras internacionales de riesgo (JP Morgan, Moody’s o Standard & Poor’s) o revistas especializadas en finanzas (“Euromoney” o “Institutional Investor”). Si bien cada una usa un método algo distinto, generalmente llegan a resultados similares. En nuestro caso, estamos presentando aquí la evolución del EMBI+ (Emerging Market Bond Index), que es el índice general de riesgo elaborado por JP Morgan para determinadas economías emergentes. Estas instituciones se convierten así en los ‘electores globales’ de los gobiernos, con el privilegio de que van a las urnas instaladas en Wall Street, votan cada día, poseen los DNI de casi todos los países y tienen la capacidad de vetar indirectamente a presidentes, ministros y estados enteros de la periferia mundial. Por lo que nuestros gobernantes toman muy en cuenta sus criterios de evaluación soberana en materia económica y política, cuyos criterios últimos son la estabilidad macroeconómica y la paz social.
Nuestro actual presidente ha aprendido esa lección. A pesar de que en su mensaje declaró que “hoy están agotados los criterios del que fue llamado Consenso de Washington”, no vemos sino políticas que se ajustan a pie juntillas a ese recetario y al que se añaden algunas otras, como la flexibilización laboral, la liberalización paulatina pero completa del tipo de cambio, el intento de recortar los sobrecostos laborales, el nombramiento de un directorio del BCR políticamente correcto (y técnicamente ignorante, con dos excepciones), la exoneración del pago de regalías a las grandes mineras y la negativa a imponerles un impuesto a las sobreganancias, el ataque a las ONG que solo se preocupan de asuntos esotéricos como el medio ambiente o los derechos humanos en vez de alentar la producción nacional... entre otras medidas que permitan aumentar la tasa de ganancia de los nuevos dueños del Perú.
Y es así como ahora nuestro partido del pueblo ya no solo se fija en las encuestas nacionales de opinión, que le sirvieron de brújula para llevarnos al fiasco durante su primer gobierno, sino que su principal preocupación es quedar bien parados en las encuestas de aquellos ‘electores universales’, lo que aseguraría su éxito. En tal sentido este gobierno --que no sé por qué lo critican tanto-- se ha convertido en el ideal por seguir en América Latina, dada la magistral simbiosis que han logrado configurar sus líderes: entre la acción de los operadores políticos del partido de gobierno (dizque socialdemócrata) y la aplicación de programas económico-políticos conservadores específicos, que una coalición como Unidad Nacional (dizque socialcristiana) habría adoptado pero que no habría tenido la capacidad de implementar políticamente sino a costa de masivas movilizaciones regionales y sociales... y de las brutales represiones consecuentes.
Con ese manejo sofisticado y equilibrado (en que incluso los principales ministerios y organismos económicos son ocupados por miembros o acólitos de UN), seguramente bajará el riesgo-país, aunque caigan las condiciones de vida de la población y se debiliten los esfuerzos por fortalecer la democracia, como lo hemos experimentado en el país durante los últimos treinta años de estabilización y ajuste.
Pasando a temas más serios, como se observa en el diagrama adjunto, respecto al quinquenio anterior (1998-2002) el riesgo-país ha disminuido drásticamente desde el año 2003 en adelante, tanto en los países emergentes seleccionados (línea verde) como en los de América Latina (gris) y el Perú (roja). Es interesante observar la correlación positiva existente entre las primas de riesgo de esos tres grupos de países. Caben muchas hipótesis para explicar este curioso fenómeno de convergencia, a pesar de las enormes diferencias económicas y sociopolíticas existentes entre los diversos países de la periferia. La más importante consistiría en entenderla como resultado del proceso de globalización, a consecuencia del cual --especialmente por la apertura irresponsable de las cuentas de capitales a lo largo de los años noventa-- la interdependencia entre países ha aumentado drásticamente y ha debilitado sus mecanismos de defensa frente a crisis internacionales.
Desde esta perspectiva, el riesgo aumenta cuando se presenta una crisis internacional (como la que se dio en el trienio 1997-99) o hay una recesión de EE.UU. (2001-2002 y la que sobrevendrá a mediados del 2007), mientras que disminuye cuando se calman las aguas en el ámbito global o se recupera la economía del imperio. Ya que el EMBI+ agrupa a países emergentes, cuando alguno incumple o cesa sus pagos, inmediatamente se genera un efecto manada que afecta, para mal, a los demás del grupo.
En cambio, contra lo que se piensa a menudo, parecen tener menor importancia los ruidos internos de cada país (que, en parte, están escondidos en los promedios), en que obviamente las excepciones constatan la norma.
Desde esos datos --más otros más complicados de corte político y olfativo-- los electores globales se convierten en maestros universales (de kindergarten) que aplican calificaciones en escritura cuneiforme y que usted puede observar en el gráfico II, en que se debe llegar --cuando menos-- a la nota Baa1 para alcanzar el apetecido grado de inversión. Y si quiere llegar al nirvana, es decir, a la A, debe alcanzar sucesivamente calificaciones ascendentes.
Para terminar, es evidente que se requieren otros criterios para medir el riesgo-país (y el ingenuamente anhelado grado de inversión), porque el índice actual de riesgo es un gran riesgo para la mayoría de ciudadanos. El verdadero riesgo-país debe determinarse en base a aspectos ligados al desarrollo nacional más que al del bienestar del gran capital, como son los altos niveles de pobreza y exclusión, la desigual distribución del ingreso y de la riqueza, la exclusión social y la discriminación étnica. Afortunadamente, hace poco un grupo interdisciplinario de investigadores y activistas de primera línea publicó un magnífico texto que sirve de base para calcularlo en el Perú. Se trata de “El otro riesgo-país, indicadores y desarrollo en la economía global” (Montevideo: Editorial Coscoroba, 2005), compilado por Eduardo Gudynas, con contribuciones de Alberto Acosta, Margarita Flórez, Denise Gorfinkiel y Rocío Lapitz (texto que puede usted leer e imprimir completo desde: www.economiasur.com).
(*)Economista de la Universidad del
Pacífico
Tomado del Diario El Comercio, 12 de noviembre del 2006. |