Chile: muchos Acuerdos de Libre Comercio y crecimiento pero ¿a qué precio?
En el sector de agroexportación (frutas, vinos, salmón) donde se concentra mucha parte del crecimiento, la mayoría de los trabajadores, mayoritariamente mujeres, están sujetos a contratos estacionales o de temporada.
Toby Adamson (*)
Hasta la fecha Chile ha firmado Acuerdos de Libre Comercio con 37 gobiernos, incluyendo Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea, China, América Central y México. Posee también acuerdos económicos bilaterales complementarios con varios de sus vecinos de América del Sur y actualmente está negociando acuerdos con India, Malasia, Tailandia y Japón. Chile está orgulloso de ser uno de los países más abiertos del mundo así como del crecimiento económico que esta apertura ha supuesto (una media del 5.5% en los últimos 15 años).
Sin embargo, tras esta historia de éxito también se esconden los duros costes que el país ha tenido que pagar. Aunque el crecimiento ha creado empleo, en general, la calidad de estos puestos de trabajo no ha sido alta. En el sector de agroexportación (frutas, vinos, salmón) donde se concentra mucha parte del crecimiento, la mayoría de los trabajadores, mayoritariamente mujeres, están sujetos a contratos estacionales o de temporada. Trabajan largas horas a cambio de sueldos bajos y en condiciones insalubres. La mayoría no puede coger bajas por salud, maternidad o vacaciones, y pocos tienen seguros sanitarios. Aún son menos los que pueden ahorrar para el futuro.
Siguiendo la liberalización, la producción se ha concentrado en manos de unos pocos, principalmente empresas transnacionales, con vínculos hacia arriba y hacia abajo en la cadena de oferta. Con los acuerdos comerciales, estas corporaciones disponen de una fuerte protección de sus intereses, mientras que los derechos de sus trabajadores se encuentran desprotegidos. La demanda de un trabajo más flexible, una producción más rápida y una incesante reducción de precios ha erosionado los derechos de los trabajadores, especialmente en las mujeres. Las principales compañías de exportaciones de fruta en Chile son Dole, Chiquita, United Trading Company (vinculada a Del Monte) y Unifrutti. Aunque existen ejemplos de buenas prácticas (Del Monte ha sido casi la única) en general lo cierto es que el comercio creado por los acuerdos de libre comercio en Chile, en vez de apoyar el desarrollo a largo plazo, está reforzando la inseguridad para millones de mujeres trabajadoras.
Hechos:
- Solamente un 50% de los trabajadores temporales tienen contrato y por tanto acceso a un sistema de bienestar.
- El 68% de los trabajadores temporales no contribuyen a un plan de pensiones
- Una mujer trabajadora temporal contratada para trabajar una media de dos meses al año tendría que trabajar 120 años para ser capaz de recabar los importes requeridos para recibir la pensión mínima garantizada (143 $ por mes).
- En el sector de recogida de fruta la mayoría de mujeres trabajan más de 60 horas a la semana por temporada, con contratos temporales, pero un tercio de ellas no ganan ni el salario mínimo
Rosa Palleres, es la directora de un grupo de mujeres trabajadoras agrícolas temporales en Andacollo:
“Imagíneselo: un container de uvas se vende por 220 mil dólares, pero ¿dónde está el dinero para los trabajadores? Nos pagan miserablemente. Existe un salario mínimo pero no se aplica a trabajadores agrícolas. Nosotros nos preguntamos: ¿cuándo estaremos suficientemente concienciados y unidos para parar nuestro trabajo, hacer una parada en la recolección de uvas, solamente parar? ¿Qué le ocurriría al empresario si parásemos de trabajar todo el día? ¿Cuándo vamos tener conciencia para hacer lo mismo que los trabajadores de hospitales y profesores?.
Sería malo para ellos porque ¿crees que si en Europa la gente realmente supiera lo que ocurre con los trabajadores aquí, querrían nuestros productos?. Supuestamente los Acuerdos de Libre Comercio demandan que los trabajadores estén bien y que tengan derechos. Sin embargo, encontramos que los Acuerdos de Libre Comercio en Chile no han reforzado nuestros derechos para nada. Nos estamos empobreciendo. Los empresarios son más ricos y los trabajadores más pobres, en todos los sentidos de la palabra: económicamente, espiritualmente, moralmente, nos estamos degradando de todas las maneras.
Una temporera agrícola no tiene vacaciones porque sería despedida inmediatamente y tendría que irse a otro sitio y no tendría forma de comprar alimentos para comer. Hablan de las maravillas de una economía sostenible pero los trabajadores no pueden sostenerse ni para sí mismos.
Me siento derrotada porque he dado mucho de mi vida a estos campos y ahora veo a la gente joven que llega, gente que deja la escuela muy pronto, que no tienen más posibilidades de estudio - ¿de dónde obtendrán su dinero? – así que vienen a trabajar a estos campos.
Las políticas gubernamentales van en esta línea. Hablan de maravillas económicas de todos los acuerdos con otros países pero ¿qué pasa con las consecuencias que subyacen?. Las propuestas del Presidente para el sector rural son un proceso en el que no estamos incorporados totalmente. Los trabajadores temporales no están representados. Todos estamos perdiendo, no tenemos transparencia del gobierno. Si las cosas no cambian, lo que nos quedará a los trabajadores es ser explotados mientras otros se quedan con los beneficios.”
(*) Articulo publicado en Oxfam en Marzo del 2007
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