Día mundial contra el trabajo infantil
12 de junio de 2007
INTRODUCCIÓN
El próximo 12 de junio de 2007, Día mundial contra el trabajo infantil, estará dedicado a la erradicación del trabajo infantil en la agricultura, especialmente bajo sus peores formas. A nivel mundial y con mucha diferencia, la agricultura es el sector en que se da el mayor índice de trabajo infantil – aproximadamente un 70 por ciento. Más de 132 millones de niños y niñas, de 5 a 14 años de edad, trabajan en la producción agropecuaria, ayudando a suplir parte de la alimentación y bebidas que consumimos, y de las fibras y materias primas que usamos para fabricar otros productos.(1)
En el contexto de los Convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el trabajo infantil es aquel que daña la salud de los niños y menoscaba su educación, desarrollo y futura calidad de vida. Cuando se obliga a los niños a trabajar largas horas en el campo, se están limitando sus posibilidades de asistir a la escuela o de recibir una formación profesional, lo que les impide adquirir una educación que los sacaría de la pobreza en el futuro. Las niñas se hallan doblemente en desventaja, ya que suelen además efectuar las tareas domésticas antes o después de realizar el trabajo en el campo.
Conviene subrayar que no todas las tareas que los niños efectúan en la agricultura son nocivas para ellos, o que se podrían considerar como trabajo infantil por abolir, según los Convenios núm. 138 sobre la edad mínima y núm. 182 sobre las peores formas de trabajo infantil de la OIT. Las tareas adaptadas a la edad del niño, que no interfieren con su escolaridad ni con su tiempo libre, pueden ser consideradas como parte de su entorno rural. De hecho, hay diferentes tipos de experiencia laboral que pueden resultar positivos para los niños, al proporcionarles calificaciones prácticas y sociales para su ulterior trabajo como adultos. Una mayor confianza y estima en sí mismos, al igual que una mayor competencia laboral, son atributos que suelen adquirir los jóvenes que se dedican a ciertas formas de actividades agrícolas.
Se ha puesto en marcha un sólido y sostenido empeño, a nivel mundial, para erradicar el trabajo infantil en la agricultura, y sobre todo lo que se denomina trabajo infantil peligroso. Se está desarrollando una colaboración activa para eliminar el trabajo infantil peligroso en la agricultura entre la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y las organizaciones internacionales de agricultura, específicamente la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), el Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI) del Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (CGIAR), la Federación Internacional de Productores Agropecuarios (FIPA) que representa a agricultores y empleadores agrícolas y a sus organizaciones, y la Unión Internacional de los Trabajadores de la alimentación, Agrícolas, Hoteles, Restaurantes, Tabaco y Afines (UITA) que representa a trabajadores y a sus organizaciones.
El 12 de junio de 2007, Día mundial contra el trabajo infantil, representa un hito significativo de este esfuerzo global. Las agencias y organizaciones internacionales de agricultura pueden tener un papel importante en la eliminación del trabajo infantil en la agricultura, especialmente del trabajo peligroso. Estas organizaciones constituyen un canal importante al nivel nacional, debido a sus estrechos contactos con los ministerios o departamentos nacionales de agricultura, servicios de desarrollo agrícola, organizaciones y cooperativas de agricultores, organizaciones de productores agrícolas, organismos de investigación agrícola y otras organizaciones similares.
LOS MENSAJES CLAVE
(elaborados conjuntamente por la OIT, la FAO, el FIDA, el IFPRI/CGIAR, la FIPA y la UITA)
1. Aplicar las leyes en materia de trabajo infantil:
En este campo las intervenciones deberían incluir, entre otras cosas:
- La aplicación efectiva de la edad mínima legal de admisión al empleo en la agricultura.
- La prohibición del trabajo peligroso en la agricultura para los niños y niñas menores de 18 años, y una prevención eficaz para que los niños no entren a ejercer ese trabajo.
- La protección de los niños que han alcanzado la edad mínima legal de admisión al empleo, mejorando las normas de salud y seguridad en el sector agrícola.
2. Intervenir para garantizar que los niños no efectúen trabajos peligrosos en la agricultura
Junto con la minería y la construcción, la agricultura es uno de los tres sectores laborales más peligrosos, en términos de muertes, lesiones y enfermedades relacionadas con el trabajo. Esto es particularmente cierto para los niños, cuya falta de experiencia, formación profesional y desarrollo físico los hacen particularmente vulnerables. Ciertas actividades agrícolas – la mezcla y aplicación de pesticidas, el uso de ciertos tipos de maquinaria – son tan peligrosas que debería estar estrictamente prohibido que los niños las efectúen.
En muchos países en desarrollo, los agricultores y campesinos se cuentan entre los grupos más pobres de la sociedad que, con frecuencia, carecen de conocimientos suficientes sobre los riesgos y peligros de la agricultura, con los consecuentes efectos en los niños y niñas trabajadores.
3. Promover estrategias y programas destinados a mejorar las condiciones de vida en las zonas rurales, y a integrar los aspectos relativos al trabajo infantil en el centro de las políticas agrícolas
La pobreza es el factor que más contribuye al trabajo infantil. Los padres de las familias pobres en los países en desarrollo afrontan una difícil elección: deben escoger entre las necesidades inmediatas en alimentos, vivienda y vestido de sus familias, y la inversión en el futuro de sus hijos, que puede tomar años antes de rendir sus frutos.
Puesto que el trabajo infantil en la agricultura tiene sus raíces en los sistemas de subsistencia y en la vulnerabilidad económica de las familias de las zonas rurales, las estrategias y programas de desarrollo destinados a mejorar los niveles de vida en las zonas rurales, a proponer actividades alternativas para la generación de ingresos y a velar por la salud y la seguridad en la agricultura, tienen un papel crítico que desempeñar en la asistencia para la reducción del trabajo infantil y del nivel de riesgos y peligros con él asociado.
Toda solución sostenible al problema del trabajo infantil en la agricultura exige que los gobiernos nacionales, las organizaciones internacionales, los organismos donantes y las organizaciones de la sociedad civil atribuyan prioridad al desarrollo agrícola y rural, de modo que los agricultores puedan obtener precios justos por sus productos. En la elaboración de políticas agrícolas, los gobiernos nacionales, las organizaciones internacionales, los organismos donantes y las organizaciones de la sociedad civil deberían conceder atención particular a la eliminación del trabajo infantil peligroso. Los aspectos relativos al trabajo infantil deberían estar integrados en las prácticas y condiciones para la concesión de préstamos de los bancos de desarrollo.
La eliminación del trabajo infantil también significa hacer frente a los factores que afectan a los trabajadores agrícolas adultos, ya que el trabajo infantil está relacionado con la pobreza del adulto. La coherencia política en materia de trabajo infantil tiene que centrarse en el concepto de la promoción del trabajo decente. Las estrategias nacionales para la reducción de la pobreza deberían contribuir a la eliminación del trabajo infantil.
Una de las claves para restringir el trabajo infantil en la agricultura es crear instituciones rurales sólidas, que incluyan a las organizaciones y sindicatos de trabajadores agrícolas, que puedan negociar colectivamente mejores ingresos, salarios y normas laborales para los adultos. Sin instituciones fuertes no se podrá conseguir que las cosas cambien.
4. Colmar la brecha educativa existente entre las zonas urbanas y rurales y entre los niños y las niñas
El trabajo infantil es parte de la estrategia de supervivencia en muchas zonas rurales. En la mayoría de los casos los padres preferirían enviar a sus hijos a la escuela, pero las dos terceras partes de los pobres del mundo viven en las zonas rurales, y muchos de estos padres de familia son demasiado pobres para cubrir los gastos escolares. Incluso cuando la escolarización es gratuita, los costes en libros y otros materiales didácticos, vestido, calzado y transporte pueden representar una carga económica insuperable. En muchas culturas, las niñas están incluso en mayor desventaja, ya que cuando los medios económicos son limitados se prefiere invertir en la educación de los niños más que en la de las niñas.
Los padres valoran la educación. La consideran una vía para el avance social. Desean que sus hijos aprendan a leer y a escribir. Cuando se les dispensa de los gastos de inscripción escolar, se observa un extraordinario incremento en la demanda de educación. Es esencial, por consiguiente, que los gobiernos se esfuercen por ofrecer una educación gratuita, o cuando menos a un costo nominal que los padres puedan costear, estimulándolos así a que manden a sus hijos a la escuela.
La crónica escasez de escuelas en las zonas rurales es un desincentivo adicional para retirar a los niños del trabajo y llevarlos a la escuela. Antes de tomar medidas para retirar a los niños del trabajo, es necesario buscarles una alternativa. Si la restricción del trabajo infantil empobrece más a las familias o si no va emparejada de una escolarización de alta calidad, podría incluso exponer a los niños a peores condiciones.
Para ayudar a los padres de familias pobres, ciertos países han decidido ofrecerles incentivos para que envíen a sus hijos a la escuela. Los programas que efectúan transferencias en efectivo o que ofrecen alimentos directamente a las familias que envían a sus hijos a la escuela, y además satisfacen otras condiciones, pueden ayudar significativamente a reducir el trabajo infantil y a aumentar la inscripción escolar.
La educación es un requisito previo esencial para reducir la pobreza, mejorar la agricultura y las condiciones de vida de las poblaciones rurales, además de crear un mundo con seguridad alimentaria. Sin embargo, los niños de las zonas rurales suelen tener un acceso restringido a una educación de calidad, ya sea por la falta de escuelas, la carencia de maestros debidamente calificados y la irrelevancia de las materias ofrecidas, o porque sus familias no pueden costearles
los gastos escolares. Es necesario tomar medidas urgentes para colmar la brecha que en materia educativa existe entre las zonas urbanas y rurales, así como para mejorar la calidad de la educación rural básica y el acceso a la misma.
5. Promover oportunidades de empleo para los jóvenes en la agricultura y en las zonas rurales
La participación de los niños en las actividades agrícolas de la familia los ayuda a adquirir competencias valiosas, a elevar su autoestima y a contribuir a la generación de ingresos de la familia, lo que tiene un impacto positivo en su propia calidad de vida. Ahora bien, habría que impedir que los niños participen en formas de trabajo que resulten nocivas para su salud, seguridad, desarrollo y bienestar.
Se debería alentar a los jóvenes que han alcanzado la edad mínima legal de admisión al empleo a que ingresen al trabajo agrícola como medio para promover el empleo juvenil. Empero, es esencial asegurar que reciban la capacitación adecuada y que trabajen en condiciones seguras y dignas.
OIT, la FAO, el FIDA, el IFPRI/CGIAR, la FIPA y la UITA |