Editorial:
Despues de la Primera Ronda
de Negociación UE-CAN.
Integración:
El desafío de incorporar la
dimensión laboral al Acuerdo
de Libre Comercio con la Unión europea.
Economía:
La Economía Boliviana y su
evolución reciente.
Tema de Interés:
Jóvenes y Trabajo Decente.
Contribución del cuidado
al bienestar social. Propuestas
de políticas.
Agenda Social:
Informe Anual sobre las
Violaciones de los Derechos
Sindicales-CSI América 2007.
Decisión 674.
Opinión 32.
Actividades:
Secretariado CCLA-Colombia.
Informe Jornada Bolivia.
Andinos al día
Calendario de Actividades

 


 

TRABAJO DECENTE Y JUVENTUD
EN LOS PAISES ANDINOS


Aparentemente se cree que cuando se habla de desempleo y calidad del empleo nos estamos refiriendo en su mayoría a adultos, y que la juventud es una etapa muy corta de la vida de la persona como para darle mayor relevancia de lo que le correspondería.

Sin embargo se olvida que los adultos por los que se preocupan hoy las políticas de empleo, son los jóvenes y los niños, cuyas políticas de empleo y educación no atendieron de manera adecuada su formación y capacitación.
La población joven en los países miembros de la CAN, representaba en el 2000 el 41% y en el 2005 el 39% de la población total en edad de trabajar, esta cifra es significativa y pone a discusión la relevancia que se le esta dando a las políticas de empleo de cada país andino.

El empleo y el verdadero goce de los derechos laborales de los trabajadores y trabajadoras, jóvenes y adultos, sindicalizados y no sindicalizados determinan una de las condiciones necesarias para combatir la pobreza y la desigualdad y seguir un camino hacia un verdadero desarrollo.

En el reciente informe Trabajo decente y Juventud, publicado por la OIT, menciona: “El trabajo decente permite reflexionar sobre el desarrollo desde una perspectiva integradora. La comprensión holística del desarrollo exige una visión que integre las políticas sociales y las económicas en un específico marco político e institucional: la democracia. Esto, que se enuncia fácilmente, resulta ser difícil de concretar en la realidad.”

Ante esta afirmación nos preguntamos ¿Que tan difícil es concretar el trabajo decente en la realidad? Y sobre todo que tan difícil lo es para los jóvenes. ¿Están interesados ellos en acceder a un trabajo decente o es suficiente con solo tener un empleo?

Por otro lado en cuanto a nuestras instituciones y políticas, ninguna tiene como objetivo central el trabajo decente, y existen deficiencias considerables en aplicar la transversalizacion de género en las políticas públicas. Encontrar los mecanismos que garanticen los vínculos entre las acciones a favor del trabajo decente y las posibilidades económicas, políticas y sociales representa un verdadero reto para los gobiernos que realmente se comprometan y acepten al trabajo decente como un eje principal del desarrollo.

El siguiente grafico de Fares, Montenegro y Orazem, es de utilidad para entender como usan su tiempo los jóvenes, pero también nos invita a cuestionarnos por los criterios que emplean para pasar de una situación a otra y finalmente para intentar conocer y entender sus relaciones con los ámbitos familiares, de trabajo y de participación ciudadana. Estas relaciones contribuyen en gran medida en el momento de decidir dar un uso determinado a su tiempo disponible.

Ante esto surgen dos posibilidades, o espero a que las circunstancias me lleven a estar en el sector informal, formal, trabajar y estudiar o estar desempleado; o soy protagonista del desarrollo y me permito elegir entre empleo decente, desempleo o empleo decente y estudio.


Los jóvenes y la situación del empleo

Las estad ísticas sobre jóvenes y la situación del empleo, resultan interesantes cuando se analizan considerando una perspectiva de género. La información que se presenta se refiere a los jóvenes que se encuentran entre los 15 a los 24 años de edad para el año 2005, presentadas en el Informe: Trabajo Decente y juventud de la OIT, 2007.

En Cuanto Educación y Trabajo, la característica más resaltante es el porcentaje de mujeres que no trabaja ni estudia. Para Colombia las mujeres jóvenes que no trabajan ni estudian (37%) es más del doble del porcentaje de hombres jóvenes que no trabajan ni estudian (16%). En el caso de Ecuador el porcentaje de mujeres jóvenes que no trabajan ni estudian es el 28% y el de hombres jóvenes es del 8%. Si observamos la situación del Peru, las mujeres jóvenes que no trabajan ni estudian representan el 32% en comparación con el 19% para el caso de los hombres jóvenes.

En los tres países andinos se manifiesta la desigualdad de oportunidades entre hombres y mujeres tanto para acceder al sistema educativo como para acceder a un empleo. Es necesario aclarar que solo nos referimos al acceso al sistema educativo, lo cual no significa igualdad de oportunidades en el sistema educativo. Equiparar la paridad numérica de hombres y mujeres que asisten a la escuela o que están sentados en el aula de clase no garantiza la igualdad de oportunidades en las aulas.

Por Categoría ocupacional, el 31.6% de los jóvenes colombianos se encuentran en la categoría de cuenta propia y representa el mayor porcentaje dentro de las 7 categorías presentadas (Sector publico, Microempresa, Pequeña, Mediana y Grande, Cuenta propia, Patrón, Trabajo Familiar No Remunerado y Trabajo Domestico). La mayor parte de los jóvenes ecuatorianos hombres se concentran en la categoría de microempresa y representa el 33.8%. En cuanto a Peru, el 31.1% de los jóvenes hombres se ubica dentro de la categoría de Trabajado Familiar No Remunerado.

Para el caso de las colombianas jóvenes ocupadas, el 33.5% se encuentran en la categoría de pequeña, mediana y grande empresa al igual que las mujeres ecuatorianas que representa el 25.8%. El caso de Peru es diferente y presenta características muy similares que los jóvenes hombres ocupados, el 41.7% de las mujeres jóvenes se ubican en la categoría de trabajador familiar no remunerado. Si se hace la distinción entre sector urbano y rural para los 3 paises andinos, la mayoría de jóvenes ocupados se concentran en la mediana y grande empresa, para el sector urbano. Mientras que en la zona rural, la mayoría se concentra en la categoría de trabajador familiar no remunerado.

Con respecto a las categorías ocupacionales en el informe se señala que “estudios en países específicos indican que muchas veces los negocios que inician son una respuesta defensiva a la falta de oportunidades laborales y, por tanto, muchos de los que inician negocios lo hacen por necesidad de ingresos y no por haber detectado una oportunidad empresarial”

La composición del empleo juvenil se concentra en el sector de Comercio, hoteles y restaurantes para los tres países analizados hasta el momento. Por el contrario cuando se observa el ámbito rural, la mayoría de los jóvenes se concentra en el sector extractivo. Al desagregar las cifras por rama de actividad y por sexo, los hombres se concentran en la actividad extractiva y en el sector de Comercio, hoteles y restaurantes, mientras que las mujeres se ubican en la actividad comercial, hoteles y restaurantes así como en servicios comunales(1).

Todo lo anteriormente expuesto refleja mecanismos de exclusión, segregación y discriminación en el mercado laboral. En un estudio realizado por Juan Chacaltana, (Empleos para los Jóvenes. Lima: CEDEP-CEPAL, 2006) en Peru, destaca que los jóvenes al igual que los adultos se sienten discriminados de los mejores puestos de trabajo por razones de género, apariencia, lugar de procedencia, raza y preferencias políticas.


Los jóvenes y los derechos laborales

“Una encuesta a jefes de recursos humanos de la Comunidad Andina dio como resultado que las empresas contratan mano de obra juvenil porque los jóvenes actuales tienen mayor ventaja para asimilar los procesos de producción vigentes, pues cuentan con más educación que las generaciones anteriores y tienen más facilidad para adecuarse a las nuevas tecnologías de información. Además, ellos son más flexibles para aceptar condiciones de trabajo que a veces resultan difíciles para personas adultas”. (Informe Trabajo Decente y Juventud, OIT). Esto evidencia que los jovenes son mas flexibles que los adultos y que están más dispuestos a aceptar peores condiciones laborales.

La diferencia entre jóvenes y adultos es las condiciones del empleo a las que acceden. Cifras para América Latina indican que dos de cada tres jóvenes trabajan en actividades informales, en la que la remuneración es menor al salario mínimo y además no poseen seguridad social. En términos de ingresos un joven gana el 56% de lo que gana un adulto promedio.

Las condiciones de empleo se han cuantificado a través del acceso al seguro de salud, la afiliación a pensiones, los que trabajan más de 48 horas, los que están afiliados a un sindicato y finalmente el tipo de contrato.

El 31.7% de los jóvenes colombianos ocupados posee un seguro de salud en el sector urbano, mientras que solo un 4.7% lo posee en el sector rural. Si se desagrega por sexo, las jóvenes mujeres con acceso al seguro de salud representan el 29.1% y el 19.4% para los hombres jóvenes. En cuanto a la afiliación a un sistema de pensiones que garantice una vejez digna en el ámbito urbano, el 22.5% de los jóvenes colombianos se encuentran afiliados, sin embargo en el sector rural solo el 1.8%. Mientras que los hombres jóvenes afiliados al sistema de pensiones es el 12.6%, y para las mujeres es el 21.2%. El 62.8% de los jóvenes urbanos se encuentran sin contrato laboral, mientras que en el ámbito rural es el 89.2%. El 76.7% de los hombres y el 56.8% de las mujeres jóvenes no poseen contrato laboral en Colombia.

Las diferencias en el acceso al derecho a la salud, son sumamente preocupantes cuando analizamos a los jóvenes por ámbitos geográficos en el caso colombiano, a pesar de que la legislación vigente se aplica para la población en general, el cumplimiento de la misma en las zonas rurales no se esta garantizado.

El 13.8% de los jóvenes ecuatorianos ocupados poseen un seguro de salud en el sector urbano mientras que solo el 3.6% de los jóvenes en el ámbito rural lo posee. Si desagregamos por sexo el 8.8% de los jóvenes hombres y el 11.2% de las mujeres posee seguro social. Los jóvenes hombres ecuatorianos afiliados a un sistema de pensiones son el 8.8% y para las mujeres el 11.2%. Por ámbito geográfico la tasa de afiliación es del 13.8% en el sector urbano y el 3.6% en el rural. Los jóvenes ecuatorianos en el ámbito urbano sin contrato representan el 69.1% y en el sector rural el 88.8%. Las mujeres jóvenes ecuatorianas sin contrato laboral representan el 64.8% y el 79.6% para el caso de los hombres jóvenes.

En el Peru los hombres jóvenes ocupados con acceso al seguro de salud son el 16.2%, mientras que las mujeres son 15.7%. La cobertura por ámbito geográfico es el del 18.3% en el ámbito rural y el 14.2% en el urbano. Los hombres jóvenes ocupados afiliados al sistema de pensiones son el 5.5% y las mujeres el 3.4%, mientras que por ámbito geográfico en el sector urbano el 6.8% de los jóvenes peruanos ocupados esta afiliado a un sistema de pensiones y el ámbito rural solo un 1.6%. Los hombres jóvenes sin contrato laboral representan el 83.2% del total de jóvenes ocupados y el 76.6% en el caso de las mujeres. Y el 92.6% de los jóvenes rurales se encuentran sin contrato laboral y el 76.8% en el urbano.

Las diferencias considerables entre Colombia y los otros dos países andinos en cuanto al acceso al seguro de salud es explicado en gran medida por los cambios en la legislación colombiana, la ley 100 de 1993 que adoptó el aseguramiento como estrategia para garantizar la protección, sin embargo los tres paises presentan condiciones de empleo con niveles bajos.

En el sector urbanos el 31.6% de los jóvenes colombianos trabajan mas de 48 horas, para los ecuatorianos es el 31.5% y en el caso de Peru el 47.8% de los jóvenes trabajan mas de 48 horas.

En cuanto al indicador, jóvenes afiliados a un sindicato, la información no se encuentra disponible para ninguno de los 4 países andinos, sin embargo hay que destacar la importancia de la organización de los trabajadores/as para la defensa de sus derechos y el acceso a la negociación colectiva como mecanismo para poder acceder a mejor distribución de la riqueza y una mayor igualdad entre trabajadores y trabajadoras y entre adultos y jóvenes.

A pesar de no existir información sobre las tasa de afiliación juvenil, no es difícil concluir que deben ser menores al 10% en promedio para la región andina, y ante esto nos cuestionamos si las reducidas relaciones del sindicalismo con los jóvenes se deben a razones internas, externas o subjetivas. Quizás las tres sean razones que afectan en diversos grados la relación, pero es pertinente que los sindicatos tomen medidas adecuadas para reformularlas, ampliarlas y mejorarlas.

(*) Economista del Consejo Consultivo Laboral Andino (CCLA)



 
   

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